¿ Cuándo volar ?

En una piso 40 de la torre más sofisticada del barrio, de la ciudad, de la urbe, de la colonia, una persona se acerca al ventanal, se descubre con alas y vuela, con sus ojos calmos se desliza por el cielo negro de esa metrópolis, el buen tiempo acompaña. Lleva consigo binoculares, observa con detalle cada momento, cada lugar, cada pregunta, cada respuesta, las calles atestadas, las calles solitarias, las luces de neón, los faroles en pasajes casi olvidados, las aguas del gran río, las olas imbatibles, un pequeño vapor.
En ese momento en que suena la alarma, recuerda sus lecciones de música, decide regresar, siente algo de pereza volver al piso cuarenta, pero como con los números que se conjugan con las palabras, en una eterna lucha de exacto y humano, sus alas se conjugan con sus tiempos.
De vuelta en su piso toma sus instrumentos y baja apresurado rumbo a su lección de música. Allí, en la puerta de su profesora, lee un cartel que dice: Solo volar por el aire si hay buen tiempo, clase suspendida hasta nuevo aviso.